sábado, 23 de junio de 2012

PSICOMOTRICIDAD INFANTIL



     La psicomotricidad es una disciplina que, a partir del movimiento se convierte en un medio de comunicación tan poderoso que no sólo sirve para transmitir sentimientos, sino que también para desinhibir al niño, desarrollar su intelecto y proporcionarle oportunidad de controlar sus desajustes emocionales.

     El desarrollo de la actividad motriz, no puede reducirse a hechos puramente biológicos. Se hace por etapas necesarias, teniendo en cuenta que cada etapa de dicha evaluación es el resultado de una fusión donde coinciden las adquisiciones precedentes, el grado de desarrollo neuromuscular y el desarrollo sensitivo-sensorial. El instrumento básico de la psicomotricidad infantil es el propio cuerpo. Este es utilizado primero como receptor básico a las distintas estimulaciones, y a partir de sus reacciones se debe transformar el trabajo en una movilización activa, utilizando las técnicas psicomotoras, y partiendo de que la psicomotricidad es la educación del control de la expresión motora. 


     El hombre es psicomotor, esto es: sincronizado entre el tener, ser, querer, poder y hacer. A partir de lograr el conocimiento y la concientización del cuerpo, se consigue la incorporación de los diversos elementos necesarios para alcanzar el aprendizaje. Existe una estrecha relación entre psicomotricidad infantil y el aprendizaje escolar. Dado que la actividad motora del niño es paralela al desarrollo intelectivo, veremos a partir de ejemplos, cómo una actividad puede ayudar y complementar a la otra. Así, en el caso de la escritura, para poder cumplimentarla, el niño debe poseer un normal desarrollo de la motricidad fina, especialmente a nivel manos-dedos y una regulación tónico-postural correcta.

     Además necesita una adecuada coordinación entre la vista y las manos y un desarrollo del lenguaje que le permita comprender lo que escribe, así como trasmitir su significado. A ello debe agregarse, y es fundamental, un adecuado estado de atención y de discriminación visual, acompañada de una aceptable organización espacio-temporal. Gracias al protagonismo de la psicomotricidad dentro de la educación, se logran objetivos como: autoestima o autovaloración de relación, organización de patrones básicos para la educación, etc. A medida que aumenta la capacidad intelectual de los alumnos y su maduración motriz, se sigue un camino más cercano a la normalidad, así la maduración motriz va perdiendo progresivamente peso, para convertirse en una ayuda y complemento de las otras áreas, favoreciendo la adquisición de destrezas motrices imprescindibles para los demás aprendizajes, o sea hábitos. 


     Si como afirma Piaget ”La inteligencia se desarrolla cuando logra asír el medio que lo rodea”, con la educación psicomotriz se inicia el camino, para alcanzar este objetivo, partiendo del entorno más próximo que puede haber para cualquier persona: su propio cuerpo. Luego participa en acrecentar el ámbito de experiencias de este, en la medida en que colabora a que este primer “objeto” descubierto se vaya situando en las coordenadas espacio - temporales y practicando relaciones cada vez más complejas con los objetos que rodean el mundo. Todos los saberes que el alumno adquiere sólo poseen auténtico valor educativo, cuando se entrelazan entre sí, para convertirse en una realidad vivida y plenamente significativa para él.

     El dominio psicomotriz sirve de nexo entre todos ellos. Cualquier habilidad motriz no tiene fin en sí misma, sino que rápidamente encuentra aplicación en multitud de aprendizajes más complejos por ejemplo: una relajación segmentaria, una independencia derecha-izquierda, disociación de los dedos, control de movimientos precisos, se pueden convertir en conductas imprescindibles para el aprendizaje de la lecto-escritura. Debemos tener en cuenta que el comportamiento intelectual: memoria, juicio, razonamiento coincida, con el grupo. Esto no es más que un aspecto de la educación en general, y es posible que el nivel psicomotor del niño recién incorporado, se desvíe de la norma del grupo, manifestándose en ciertos aspectos, más atrasado que sus compañeros. Un niño con capacidad mental suficiente para iniciar el aprendizaje de la escritura puede, sin embargo, presentar dificultad para adquirir su mecanismo. En este caso será necesario trabajar todos los aspectos especialmente fundamentales de la motricidad como la coordinación óculo-manual, manos, dedos, etc., paralelamente a la adquisición de esa técnica. 


     Un niño que presenta una motricidad perturbada, ve reducido proporcionalmente el campo de sus experiencias, al no poder controlar sus manos o saltar y comer como los demás, no puede recibir toda la información de que se disfruta cualquier otro que no padezca sus alteraciones. Las experiencias tempranas, fuertemente consolidadas, son difícilmente alterables, porque el niño que será más tarde, se construye con carácter relativamente irreversible en la primera y segunda infancia. El propósito es pues, dotarlos de una comunicación corporal: hacerlos “grandes” en expresiones corporales, desterrar la inexpresión estática y crear formas de comunicación de las que se sirvan para hablar sin palabras.

MOTRICIDAD FINA


   La psicomotricidad fina se refiere a todas aquellas acciones que el niño realiza básicamente con sus manos, a través de coordinaciones óculo-manuales, etc. Aquí está la pintura, el punzado, pegado, rasgado, uso de herramientas, coger cosas con la yema de los dedos, coger cubiertos, hilvanar, amasar, etc. Generalmente ayudan a detectar algunas carencias y condiciones físicas, como por ejemplo la debilidad en los dedos o la osteoplastía (huesos elásticos). Todos estos ejercicios son desarrollados en mesa con diversos materiales.

MOTRICIDAD GRUESA


     La psicomotricidad gruesa se refiere a aquellas acciones realizadas con la totalidad del cuerpo, coordinando desplazamientos y movimiento de las diferentes extremidades, equilibrio, y todos los sentidos. Caminar, correr, rodar, saltar, girar, deportes, expresión corporal, entre otros están en esta categoría. Si los quieres ver, sólo tienes que observar a los niños en el recreo. Eso es psicomotricidad gruesa de la más pura que hay!

Si bien ambas son medibles y están consideradas en las evaluaciones de los centros de educación inicial, la fina requiere de una mayor atención para su calificación, mientras que la gruesa es más fácil de medir. Asímismo, una contiene muchos más aspectos a evaluar que la otra; estos aspectos son muy puntuales y tienen un momento y edad específico esperado para su dominio, mientras que el rango de edades en los que se espera que un niño domine algunas destrezas gruesas es mucho más grande y variable.
Pero no significa que todo lo que hagamos sea sólo fino o sólo grueso. La gran mayoría de las actividades diarias del niño combinarán simultáneamente ambas áreas, teniendo como resultado lo que se denomina habilidad o destreza motora.